
Madame Mitushka vuela por estos lares. Entrevista exclusiva al Mudo, al Mago, al Zorzal criollo, a Carlitos. ¿Develará o no la verdadera nacionalidad de este fenómeno del siglo pasado? Acomodando mi trasero en una nube (en realidad es una mierda caminar sobre nubes, es peor que caminar sobre 3 metros de nieve) y poniéndome el saco (hoy hace un frío salado en las alturas), busco con la mirada a una figura retacona, sonrisuda, guapa, que debería haber llegado hace 2 minutos... ¿Qué oigo? Una tonadilla tanguera llega apenas a mis oídos, un farol se prende, mi alrededor se convierte en una esquina de arrabal... ¡a la mierda! Tengo que achicarle a los cartoncitos...
Don Carlos – Como le va, percanta...
Mme. M. – ¡Carlitos! Me asustó. Qué bueno que llegó, ya me estaba angustiando con tanto background tanguero...
El Mago – Perdón, deliciosa criatura. ¿Gusta un puro?
Mme. M. – Y bueh... dele. ¿Podemos empezar? Está frío el asunto acá arriba.
Mago – Pero como no, papusa.
M.M. – Ehhh... ¿Te puedo tutear?
Mago – Claaaro, pituquita.
M.M. – (Uia, levanté!) ¿Te gusta Acá arriba?
Mago – Y sí, lo que se extraña es el arrabal, ¿viste? Aunque por lo menos acá no hay aviones... Sabés que le agarré cierta fobia a esos bichos... no sé por qué.
Mme. – ¿No será por que te mataste en uno?
Mago – No me los nombres, gurisa, que me viene el ataque de pánico. Mejor me mando una grapita. Para olvidar, ¿viste?
Mme. – ¿Te dolió morir tan joven?
Mago – Sep. El negocio andaba muy bien, pero a estas alturas, ¿qué me importa? Acá canto todo el tiempo, con los amigos que ya no pisan la tierra, aparte me puedo voltear a quien quiera sin que se arme escándalo. ¡En la pulpería de Don Pedro se arman cada milongas! Tuitas las noches. No envejezco y soy reconocido en todo el cielo, soy... El único que no me quiere oír más es Leguizamo. Nos peleamos hace un tiempito.
Mme. – Hay una pregunta que tengo que hacerte ya que toda la humanidad espera por ella... ¿Sos uruguayo? Porque sabes que allá abajo los porteños y uruguayos te siguen disputando.
Mago – ¡Ja! ¡Qué gilastros! Todavía no se avivaron que los papeles los escondí para que se arme pelotero... A vos te lo voy a decir porque sos una gurrumina querendona... En realidad nací... en un barco. En el medio del Atlántico... ¿Te acordás que mi santa madre era franchute? Bueno, ella se vino preñada y me parió ahí, cuando sé venía para el uru... Después me trató de hacer ciudadano uruguayo, pero los burócratas justo estaban tomando té con bizcochos y al otro día había paro general, y al otro estaban en conflicto y así, hasta que mi vieja se pudrió y dejó el asunto a manos de don Pedro, así que...
Mme. – Así que sos de tierra de nadie!
Mago – Seh....
Mme. – ¿Que opinás de la época actual? De la que nos toca vivir a nosotros.
Mago – Ah, no sé, yo ni me entero, aunque acá pusieron cable, yo no entiendo nada. A mí dejame en mi época de oro y con mis grapitas.
Mme. – ¿No sentís que sos un poco conservador?
Mago – ¿Queseso? ¿Y qué querés? Encima que espiché del modo más horrendo y en la flor de mi vida, ¿me venís a cuestionar? No jodas... ¡Don Pedro! ¡Otra grapa!
Mme. – ¡Otra para mí! Ta frío por acá...
Mago – Sí, por mucho tiempo hubo una fisura en las paredes, por la humedad, y nos llegaba un calorcito desde el país de don Sata, pero a los gilunes de acá se les ocurrió arreglarlo. Aparte, cuando se ponía aburrida la cosa, bajábamos al infierno, y qué festichola! Quilombo todos los días. Qué bien se la pasaba allá abajo. Tuve la mala suerte de morir santificado, y me tocó subir a este bodrio.
Mme. – ¿No pensaste en pedirle a don Pedro que se construya un lugar con onda?
Mago – ¡Más bien! Pero dice que en el contrato hay un artículo de Don Dio´ que prohibe toda clase de joda obscena... Claro, un tal Sendic se juntó con un tal Che Guevara y se quejaron y pidieron un plebiscito entre la comunidad celeste, pero los amenazaron con torturarlos otra vez... Nunca más oímos de ellos...
Mme. – ¡Chau! Y yo que pensé que acá era más libre la cosa...
Mago – ¡Qué va a ser! Acá y allá los dueños son todos los mismos, es más, una multinacional trató de comprar el Cielo, pero los del Norte dijeron que no, porque no quieren perder credibilidad. Todo política.
Mme. – Bien. ¿sabés que hoy juega Uruguay con Chile, ¿cómo salimos?
Mago – A esos chilenos le rompemos el culo. Pienso que por los menos tenemos que ganar 2 a 0.
Mme. – ¿Podés ver el partido?
Mago – Acá tengo la spika, toy escuchando 13 a 0, tienen onda esos pibes.
Mme. – No sé si te diste cuenta, pero hablaste de Uruguay como si fuera tu país...
Mago – Y... A los porteños no los banca nadie... Acá hay unos cuantos y son unos otarios de cuarta. ¡Dejá quieto! No todos, pero la mayoría aún despúes de muertos siguen jodiendo conque Dios es argentino. y Dios, es cualquier cosa menos argentino.
Mme. – ¿Te juntaste alguna vez con Astor?
Mago – ¿Qué si me junté? ¿Y quién es el idiota que se queja de Astor? Qué no se metan con mi amigo Astor. Ahora no está, si no te hacíamos un dueto que te iba a congelar las venas. Hace unas décadas sacamos un disco que anduvo bárbaro acá arriba. Se agotaron 1.000 ediciones. Hasta Bethoveen nos pidió uno, autografíado. De hecho, creo que ahora Astor le está dando clases de bandoneón a Bach. El gordito está recopado.
Mme. – Hablaste de mujeres y de orgías, sin embargo siempre se discutió sobre tu sexualidad. ¿Para dónde pateas?
Mago – Y bueno, acá. Para donde pinte mejor el partido. En la tierra, a pesar de los labios pintados, bien machito. Que de eso no quede ninguna duda.
Mme. – Gracias, Zorzal, por tu tiempo. Me voy porque sino me pierdo el partidito; en casa me esperan con unas birras y unas muzzarelas.
Mago – Vaya, mija...
Mme. – El espectro del Zorzal se aleja a paso murguero, dejando un halo de humo de tabaco. Me llega entre la niebla un sonido de AM, mientras el Mago canta bajito Yira, yira... Me acomodo el saco; refrescó bastante. Me levanto del banquito del abasto, y todo vuelve a ser nubes, ya no es la esquina de arrabal. El farolito se desvanece. Me da un poco de melancolía. Me acuerdo que llego tarde para el partido y me tomo el taxi celestial que me dejará en la esquina de mi casa. Ta luego, chiruzos.
Don Carlos – Como le va, percanta...
Mme. M. – ¡Carlitos! Me asustó. Qué bueno que llegó, ya me estaba angustiando con tanto background tanguero...
El Mago – Perdón, deliciosa criatura. ¿Gusta un puro?
Mme. M. – Y bueh... dele. ¿Podemos empezar? Está frío el asunto acá arriba.
Mago – Pero como no, papusa.
M.M. – Ehhh... ¿Te puedo tutear?
Mago – Claaaro, pituquita.
M.M. – (Uia, levanté!) ¿Te gusta Acá arriba?
Mago – Y sí, lo que se extraña es el arrabal, ¿viste? Aunque por lo menos acá no hay aviones... Sabés que le agarré cierta fobia a esos bichos... no sé por qué.
Mme. – ¿No será por que te mataste en uno?
Mago – No me los nombres, gurisa, que me viene el ataque de pánico. Mejor me mando una grapita. Para olvidar, ¿viste?
Mme. – ¿Te dolió morir tan joven?
Mago – Sep. El negocio andaba muy bien, pero a estas alturas, ¿qué me importa? Acá canto todo el tiempo, con los amigos que ya no pisan la tierra, aparte me puedo voltear a quien quiera sin que se arme escándalo. ¡En la pulpería de Don Pedro se arman cada milongas! Tuitas las noches. No envejezco y soy reconocido en todo el cielo, soy... El único que no me quiere oír más es Leguizamo. Nos peleamos hace un tiempito.
Mme. – Hay una pregunta que tengo que hacerte ya que toda la humanidad espera por ella... ¿Sos uruguayo? Porque sabes que allá abajo los porteños y uruguayos te siguen disputando.
Mago – ¡Ja! ¡Qué gilastros! Todavía no se avivaron que los papeles los escondí para que se arme pelotero... A vos te lo voy a decir porque sos una gurrumina querendona... En realidad nací... en un barco. En el medio del Atlántico... ¿Te acordás que mi santa madre era franchute? Bueno, ella se vino preñada y me parió ahí, cuando sé venía para el uru... Después me trató de hacer ciudadano uruguayo, pero los burócratas justo estaban tomando té con bizcochos y al otro día había paro general, y al otro estaban en conflicto y así, hasta que mi vieja se pudrió y dejó el asunto a manos de don Pedro, así que...
Mme. – Así que sos de tierra de nadie!
Mago – Seh....
Mme. – ¿Que opinás de la época actual? De la que nos toca vivir a nosotros.
Mago – Ah, no sé, yo ni me entero, aunque acá pusieron cable, yo no entiendo nada. A mí dejame en mi época de oro y con mis grapitas.
Mme. – ¿No sentís que sos un poco conservador?
Mago – ¿Queseso? ¿Y qué querés? Encima que espiché del modo más horrendo y en la flor de mi vida, ¿me venís a cuestionar? No jodas... ¡Don Pedro! ¡Otra grapa!
Mme. – ¡Otra para mí! Ta frío por acá...
Mago – Sí, por mucho tiempo hubo una fisura en las paredes, por la humedad, y nos llegaba un calorcito desde el país de don Sata, pero a los gilunes de acá se les ocurrió arreglarlo. Aparte, cuando se ponía aburrida la cosa, bajábamos al infierno, y qué festichola! Quilombo todos los días. Qué bien se la pasaba allá abajo. Tuve la mala suerte de morir santificado, y me tocó subir a este bodrio.
Mme. – ¿No pensaste en pedirle a don Pedro que se construya un lugar con onda?
Mago – ¡Más bien! Pero dice que en el contrato hay un artículo de Don Dio´ que prohibe toda clase de joda obscena... Claro, un tal Sendic se juntó con un tal Che Guevara y se quejaron y pidieron un plebiscito entre la comunidad celeste, pero los amenazaron con torturarlos otra vez... Nunca más oímos de ellos...
Mme. – ¡Chau! Y yo que pensé que acá era más libre la cosa...
Mago – ¡Qué va a ser! Acá y allá los dueños son todos los mismos, es más, una multinacional trató de comprar el Cielo, pero los del Norte dijeron que no, porque no quieren perder credibilidad. Todo política.
Mme. – Bien. ¿sabés que hoy juega Uruguay con Chile, ¿cómo salimos?
Mago – A esos chilenos le rompemos el culo. Pienso que por los menos tenemos que ganar 2 a 0.
Mme. – ¿Podés ver el partido?
Mago – Acá tengo la spika, toy escuchando 13 a 0, tienen onda esos pibes.
Mme. – No sé si te diste cuenta, pero hablaste de Uruguay como si fuera tu país...
Mago – Y... A los porteños no los banca nadie... Acá hay unos cuantos y son unos otarios de cuarta. ¡Dejá quieto! No todos, pero la mayoría aún despúes de muertos siguen jodiendo conque Dios es argentino. y Dios, es cualquier cosa menos argentino.
Mme. – ¿Te juntaste alguna vez con Astor?
Mago – ¿Qué si me junté? ¿Y quién es el idiota que se queja de Astor? Qué no se metan con mi amigo Astor. Ahora no está, si no te hacíamos un dueto que te iba a congelar las venas. Hace unas décadas sacamos un disco que anduvo bárbaro acá arriba. Se agotaron 1.000 ediciones. Hasta Bethoveen nos pidió uno, autografíado. De hecho, creo que ahora Astor le está dando clases de bandoneón a Bach. El gordito está recopado.
Mme. – Hablaste de mujeres y de orgías, sin embargo siempre se discutió sobre tu sexualidad. ¿Para dónde pateas?
Mago – Y bueno, acá. Para donde pinte mejor el partido. En la tierra, a pesar de los labios pintados, bien machito. Que de eso no quede ninguna duda.
Mme. – Gracias, Zorzal, por tu tiempo. Me voy porque sino me pierdo el partidito; en casa me esperan con unas birras y unas muzzarelas.
Mago – Vaya, mija...
Mme. – El espectro del Zorzal se aleja a paso murguero, dejando un halo de humo de tabaco. Me llega entre la niebla un sonido de AM, mientras el Mago canta bajito Yira, yira... Me acomodo el saco; refrescó bastante. Me levanto del banquito del abasto, y todo vuelve a ser nubes, ya no es la esquina de arrabal. El farolito se desvanece. Me da un poco de melancolía. Me acuerdo que llego tarde para el partido y me tomo el taxi celestial que me dejará en la esquina de mi casa. Ta luego, chiruzos.
Entrevista registrada. Porkusmag Blogspot ®
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